Selfi e introspección


                             

Mi recorrido en el mundo del arte comenzó desde temprana edad debido a que mi padre se dedicaba a la ilustración y al cómic. Desde que tengo uso de razón he estado dibujando, pero es cierto que fue a través del cine y la literatura cuando comencé a definir mis intereses en el arte. Siempre tuve una extraña fascinación por las historias donde se trataba el amor de una manera existencialista y un tanto pesimista y, a raíz de un trabajo de segundo de carrera, empecé a centrar mi obra artística en el amor y la otredad. 

A través de mi experiencia en el colegio, instituto y universidad fui interiorizando modelos docentes, de los que destaco ciertas experiencias de cada etapa educativa. En el colegio recuerdo con especial cariño dos profesores que destacaron por su innovación docente, pues proponían actividades grupales muy creativas en las que entre todos colaborábamos para realizar las tareas. Por otro lado, en el instituto tuve un profesor de Lengua y Literatura Castellana que le encantaba la ilustración y la literatura, por lo que muchos de sus trabajos consistían en ilustrar relatos famosos o inventar historias. Este primer contacto con el dibujo y las historias marcó mi interés por la ilustración del futuro. 

Durante secundaria también tuve un profesor de Educación Artística que tenía una gran implicación con su trabajo, incorporando actividades propias de un bachillerato artístico, lo cual hizo que me quisiera decantar por esta modalidad. De manera general, destaco positivamente la labor docente de aquellos profesores que intentaron implementar actividades y metodologías nuevas, haciendo que trabajásemos conjuntamente o incorporando la gamificación en sus actividades. 


Es cierto que en las etapas educativas mencionadas no recuerdo cómo era el método de evaluación, pero en la universidad sí tengo más presente esto. Por lo general, había profesores que no evaluaban tus trabajos durante el curso y te daban las notas al final del cuatrimestre, haciendo que el alumnado no tuviese oportunidad de mejorar o entender de manera constructiva sus fallos. Además, algunos docentes que sí estaban presentes durante la ejecución de los trabajos te comentaban que todo lo que estabas realizando estaba bien y, finalmente, en las notas finales, esa retroalimentación no se correspondía con la calificación que recibíamos. 

Aunque lo que voy a comentar a continuación solo ocurriese en una asignatura, me marcó bastante ya que me pareció una manera de evaluar muy injusta. En tercero de carrera tuve una optativa en la que no se seguía una rúbrica para calcular la nota del alumnado, sino que el mejor trabajo tenía un 10, el peor un 5 y a partir de estas notas se iban calificando los demás trabajos dependiendo de la calidad. Esta manera de evaluar no tenía en cuenta apenas el proceso de los alumnos, su mejora y otros factores que vemos imprescindibles, pues un mismo alumno podía tener un 7 porque ese año en clase había gente con un alto nivel de dibujo, mientras que otro año, con el mismo trabajo, podía tener un 10 porque el nivel general era más bajo. 

No todas las experiencias fueron negativas; también resaltamos a ciertos profesores que estaban muy implicados en la docencia. De estos profesores remarco principalmente su presencia en el aula y su disponibilidad, ya que te comentaban tus fallos conforme los ibas realizando, pudiendo solucionarlos antes de la evaluación. Normalmente, estos mismos docentes eran también los que más especificaban los criterios de evaluación de su asignatura y acompañaban la nota final con un pequeño comentario que explicaba el por qué de dicha calificación. 

Con todo ello, el modelo docente que me gustaría tener en mi futura profesión sería uno que combine la realización de trabajos individuales y grupales, donde los alumnos tengan libertad para explorar su creatividad pero al mismo tiempo puedan tener disponible la ayuda del docente durante su proceso de aprendizaje. Veo indispensable también que el alumnado no tenga miedo al error y sienta el aula como un lugar seguro donde poder experimentar y equivocarse. Centrándonos en la evaluación, veo imprescindible que esta sea contínua, para que los alumnos puedan saber cómo van progresando y que se especifiquen desde el primer momento los criterios de evaluación que se van a seguir durante la asignatura. Realizar comentarios medianamente elaborados donde se muestren los motivos de la calificación de los trabajos también lo vemos importante para que el alumno pueda mejorar en sus futuras obras. Estos comentarios pueden ir acompañados de fotografías de sus obras corregidas para que tengan un apoyo visual que le muestre de forma más clara estos errores. 




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